No les ha pasado, que una vez que encuentran un buen libro (tarea harto difícil) no lo pueden soltar, y que antes de darse cuenta están metidos en su mundo? Un mundo donde todo, TODO es posible, un mundo donde si bien el autor nos guía por un camino, el resto depende absolutamente de nuestra imaginación, y de pronto estamos de vuelta en la edad antigua vestidos con una toga griega, bebiendo vino y en medio de una orgía; o en la edad media, montando un caballo y vistiendo una reluciente armadura; podemos ser prisioneros en un campo de concentración en la segunda guerra mundial; estar en un mundo de fantasía rodeado de elfos, ogros y enanos; o atravesar un espejo y en otro mundo encontrarnos.
Son infinitas las posibilidades cuando se suman la imaginación de dos personas (lector y autor), y tantísimos los campos que explorar, ciencia, ficción, historia, social, político, mítico, etc. y aún todas las combinaciones posibles creando nuevos géneros y subgéneros literarios que fácilmente se acomodan a la necesidad del escritor y al gusto de su público.
Lloramos, reímos, nos molestamos, soñamos, disfrutamos, nos excitamos, vivimos con cada palabra, cada frase, cada historia. Por el momento que sea necesario nos abstraemos de nuestro mundo, que se nos torna monótono, simple y aburrido, queremos más, y leemos más. Dejamos atrás el estrés, los problemas, las responsabilidades, y nos damos el gusto de leer y soñar despiertos. El escape perfecto.
No saben cuánto agradezco a mi padre por haberme reglado mi primera colección de libros, se llama "El tesoro de los niños" probablemente tenía entre seis y ocho años, mi imaginación volaba por sí sola, y cuando leía, por horas de horas, sentía como mi mente exponencialmente crecía, y quería cada vez más, leía libros de historia y geografía de mi madre, muchas cosas no entendía, y mi inventiva llenaba los vacíos. Recuerdo que me encantaba leer sobre el espacio, los astronautas (soñaba como todo niño con llegar a la luna), las estrellas, nuestra historia, sobre Grecia y Roma. Algunos años después mis padres compraron una colección de novelas (como cien títulos) todas sobre aventura y misterio! Conocí a Sir Arthur Conan Doyle, a Mark Twain, Alexandre Dumas; un día era un forajido armado con arco y flecha ayudando al rey Ricardo Corazón de León a recuperar el trono de Inglaterra, otro era un náufrago en un isla enseñando a hablar a Viernes, o un detective en Londres que fuma opio y resuelve casos que parecen imposibles!
Me dí cuenta a temprana edad, que leyendo, los mundos y las posibilidades no tenían fin. Y luego, una tarde regresaba de jugar con otros niños, e iba a casa con la intención de continuar mi lectura, me senté frente al libro y al verlo cerrado me pareció muerto, inerte, y desde entonces pienso que nosotros le damos vida a los libros, sus historias y personajes, que abriéndolos y leyéndolos los vemos nacer y crecer, para luego morir en las últimas líneas, y empezar una espera que termina cuando otro lector los abra y reviva.
Soy fanático del mundo mágico de los libros, y sólo me queda decirles, que si sienten que el estrés y la rutina está acabando con su vida, o están simplemente aburridos, abran un libro, entren en su historia, naden en sus páginas, liberen sus neuronas, denle rienda suelta a su imaginación y disfruten de ese viaje que los llevará por lo desconocido sin ningún peligro y los liberará de su mundo aburrido.
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