A mi Lima me gusta más cuando su cielo está gris, me encanta que esté tan nublado que apenas deje pasar la luz, me gusta que esté tan húmedo que la sensación de frío sea mayor y que la neblina sea tan espesa que no se vea más allá de la esquina. Me gusta, es melancólico y deprimente, pero me gusta, en esos días grisáceos me invade una tristeza inexplicable, que me abstrae a mi mundo interior, dando rienda suelta a mi imaginación. En esos días oscuros y sombríos, los demás se deprimen tanto como yo, y la ciudad calla, se hace el silencio, aunque sea sólo por momentos, aunque sea sólo entre una bocina y un freno, se hace el silencio, y entonces me escucho pensando, oigo mi yo interno y divago entre mi ello y mi súper yo. Si pudiera, si supiera, pintaría ese cielo gris, sólo para plasmarlo en un cuadro, inmovilizarlo, tenerlo siempre conmigo para cuando quiera recordarlo; no pinto, así que trato de grabar la imagen en mi cada vez más frágil memoria, le hago un espacio entre un poema de Neruda y una serie de televisión insulsa. Entonces, cuando el calor y la excesiva luz de un día soleado me abruman, cierro los ojos e imagino una mañana limeña en invierno, apagando el sol con la mente y bajando el volumen de la gente, aunque sea sólo por un momento.
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1 Comment:
yo tb prefiero el frio.. es mas pacifico. mas perfecto..
slds,
dana
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